03/06/09
22/02/09
Generalidades
El asma es una enfermedad crónica del sistema respiratorio caracterizada por vías aereas hiperreactivas, es decir, un incremento en la respuesta broncoconstrictora del árbol bronquial. Las vías aereas más finas disminuyen ocasional y reversiblemente de calibre por contraerse su musculatura lisa o por ensanchamiento de su mucosa al inflamarse y producir mucosidad, por lo general en respuesta a uno o más factores desencadenantes como la exposición a un medio ambiente inadecuado (frio, húmedo o alergénico), el ejercicio o esfuerzo en pacientes hiper-reactivos, o el estrés emocional. En los niños los desencadenantes más frecuentes son por ejemplo el resfriado común.
Ese estrechamiento causa obstrucción y por tanto dificultad para pasar el aire que es en gran parte reversible, a diferencia de la bronquitis crónica.
Cuando los síntomas del asma empeoran, se produce una crisis de asma, por lo general de corta duración. En una crisis severa, las vías respiratorias pueden cerrarse tanto que los órganos vitales no reciben suficiente oxígeno.
El asma provoca síntomas tales como respiración sibilante, falta de aire, opresión en el pecho y tos. Entre los ataques se producen períodos en los que la mayoría de los pacientes se sienten bien. Los síntomas del asma, que pueden variar desde algo leve hasta poner en peligro la vida, normalmente pueden ser controlados con una combinación de fármacos y cambios ambientales pues la constricción de las vías aéreas suele responde bien a los modernos broncodilatadores.
Las fases del asma
La enfermedad tiene un fuerte componente hereditario, expresado como un antecedente familiar de rinitis, urticaria y eczema, por ejemplo.
El asma bronquial es común en personas jóvenes con una historia clínica de catarros recurrentes, o con antecedentes familiares asmáticos. Las crisis de asma se relacionan con el consumo de ciertos alimentos o la presencia de determinados agentes alergenos.
Las causas que provocan el asma bronquial y motivan la respuesta de los mecanismos principalmente inmunológicos pueden ser externos o ambientales e internos, relacionados al metabolismo, al sistema inmunitario índividual y por ende al perfil genético del individuo.
Evolución
La evolución de la reacción asmática constituye un proceso cuyas principales fases son:
Fase temprana. Tiene lugar como reacción de los mecanismos inmunológicos o no inmunológicos frente a agentes alergenos, microbianos, etc. y se caracteriza por constricción de la luz de los bronquiolos.
Fase tardía. Sobreviene al persistir el estado de crisis y constituye una acentuación de la misma caracterizada por edema e hiperreactividad bronquial, es decir, una fácil predisposición a la broncoconstricción.
Fase crónica. Tiene lugar cuando el estado anterior no disminuye después del tratamiento habitual y, con frecuencia, la tos, acentúa la irritación bronquial. Ello conlleva a daño del revestimiento epitelial del bronquio, persistencia de la hiperreactividad bronquial y de moco bloqueante de las vías aéreas.
El tratamiento convencional del asma bronquial puede ser:
Sintomático. Tiene por objeto interrumpir la crisis mediante medicamentos de acción rápida, como la adrenalina, corticoides, oxigenoterapia, etc.
Preventivo. Indica el uso regular de broncodilatadores, antihistamínicos, corticosteroides, terapia respiratoria, inmunoterapia específica, etc.
Tratamientos médicos
Estadío I
Estos son casos relativamente leves e intermitentes con síntomas o crisis ocurriendo menos de 1 vez por semana o con síntomas nocturnos unas 2 veces por mes, una presión parcial de CO2 de 35 a 45 mmHg, una presión parcial de O2 de 80 mmHg y una FEV de 800 ml y con un pico de flujo >50% del valor estipulado. Son casos que, durante una crisis, se recomienda nebulizar con 3-5 ml de solución fisiológica con uno de los siguientes broncodilatadores, con una frecuencia de cada 4 a 6 horas:
Bromuro de ipratropio más fenoterol
Salbutamol o terbutalina
Clembuterol o metaproterenol
Si no mejora se puede administrar terbutalina subcutánea cada hora por 2 dosis o en infusión intravenosa.
Estadío II
Estos son casos relativamente leves pero persistentes con síntomas o crisis ocurriendo más de 1 vez por semana pero menos que 1 vez por día o con síntomas nocturnos más de 2 veces por mes. Son casos que, durante una crisis, se recomienda nebulizar igual que el estadío I y si no mejora se utiliza:
Aminofilina diluida en solución fisiológica por vía intravenosa cada 4 a 6 horas o por infusión contínua, a juicio del profesional de salud tratante.
Los casos de intoxicación por aminofilina son frecuentes en pacientes que reciben teofilina oral extrahospitalaria, en pacientes con EPOC, cardiopatías, ancianos y pacientes con enfermedad del hígado crónico. Se puede utilizar 3 o 4 dosis de adrenalina.
Estadío III
Estos son casos moderados que requieren el uso de beta-miméticos a diario o con alteración de su actividad física a diario y síntomas nocturnos más de 1 vez por semana. Son casos que, durante una crisis, se recomienda nebulización y aminofilina igual que el estadío II y si no mejora se utiliza:
Esteroides parenterales, como la hidrocortisona o metilprednisolona
Esteroides inhalados como el dipropionato de beclometasona o el budesonid
Esteroides por vía oral, como la prednisona.
Estadío IV
Estos son pacientes en franca insuficiencia respiratoria, cianosis, tórax silencioso a la auscultación y un esfuerzo inspiratorio débil. El tratamiento suele ser similar al estadío III con intubación endotraqueal y ventilación mecánica.
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